martes, 9 de diciembre de 2008

Nada, nada…no veo un carajo!



Nunca maldije tanto mi metro y medio de estatura como el pasado sábado 6 de diciembre, día en que Los Fabulosos Cadillacs se reunieron de nuevo después de 6 años y cantaron para 18 mil personas en Córdoba.
Cadillacs representa toda una etapa de mi vida y sigue siendo uno de mis grupos favoritos, si no es el favorito. Por eso para mi fue tan importante verlos, más aun en suelo argentino*.
La verdad, cuando cantaron la segunda canción de la noche (Mi novia se cayó en un pozo ciego) por un momento pensé que Vicentico me hablaba a mí:
-Me pregunto ¿qué pasa por allá abajo?
-Nada, nada…no veo un carajo!
Igual no me importó. Me di mis modos: me empiné un poco, buscaba espacios, los veía en las pantallas o simplemente me dejaba llenar de la música y contagiar de la energía que sólo se vive en este tipo de eventos y con este tipo de grupos.
Para mí, el recital fue, simplemente, fabuloso!
Consejo: si miden menos de un metro con 60 nunca compren entradas para campo…preferible verlos desde la platea, un poco lejos, pero verlos!

*Gracias Matías Dreizik.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Mi burrito cordobés

Sin comentarios. Simplemente para matarse de risa!

jueves, 4 de diciembre de 2008

Parrillada para dos


Aunque la cosa pasó hace ya varios meses, sigo el consejo de mi amigo Francisco y la comparto con ustedes.
Domingo a medio día. El olorcito a asado se filtra no se por dónde y me hace tomar la decisión: hoy, almuerzo asado. Por razones que no viene al caso enumerar en este momento, ese día estaba sola. Peor aún, a ninguno de los amigos que tienen casa, con asador e incluso pileta, se le ocurrió invitarme a comer un asadito.
No dispuesta a cambiar de menú, me dirigí a una famosa parrilla de mi barrio (General Paz), a pocas cuadras de mi departamento. El olor me fue llevando. Al llegar, un letrerito en la puerta me dio la estocada final: Parrillada para dos 37 pesos (aclaré que fue hace algún tiempo, ahora debe estar en 50).

Entré.
La moza pregunta:
-¿Mesa para cuántos?
-Para uno, le contesto
-¿Perdón?
-Para uno!
Ya en ese momento empezó a mirarme como a bicho raro. El restaurante no estaba preparado para una persona sola, así que tomé asiento en una mesa de dos, que hacía notar más que sólo era una.
-¿Vas a ordenar?
-Si, parrillada por favor.
-Lo siento, la parrillada sólo se vende para dos.
-Por favor! Estoy sola!
-Si quiere le traigo fideos.
-No! Yo quiero parrillada…así me la cobre un poco más cara!
-No, no le puedo vender parrillada para uno.

Me pregunto ¿Por qué te hacen todo tan difícil? ¿Es que la vaca se carnea distinto cuando es para una sola persona? ¿Es que los chorizos son siameses? ¿Le costaba mucho en lugar de traer dos costillas traer una; en lugar de dos morcillas, una?
Si les interesa el final, pedí parrillada para dos, hice servir la mesa para dos, comí, bebí y pagué por dos.
Estas cosas que pasan te hacen sentir que la soledad no es una opción. En una sociedad como la nuestra, una persona que vaya al cine sola, a un restaurante sola, siempre va a ser vista como un bicho raro.