...Entonces el buen Dios, allá en su trono (mientras Satán, por distraer su encono, aplaudía a aquel pájaro zahareño), se puso a meditar. Arrugó el ceño, y pensó, al recordar sus vastos planes, y recorrer sus puntos y sus comas, que cuando creó palomas no debió haber creado gavilanes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario